Nunca me sentí asesina

Nunca me sentí asesina

porque no desenfundé un arma

para matar a otros

pero he sido cómplice secreto

de crímenes terribles

de errantes vagabundos

que sin suelo ni recuerdos

como la garza blanca

solo al manglar extrañan.

Quisiera hacerla estatua

y eternizarla en este mundo

pero vagar está en sus genes

y rascando mi cabeza olvido mi embeleco.

DULCE OFICIO

Amado insecto,

es justo reconocer por fin tu humilde trasegar.

Exótico eres, amante fiel y dedicado.

Hay tanto poder en tus alas y no te ufanas de nada.

En ese volar repleto de polen, ciego de colores,

bajo el influjo de la luz perenne,

con la cabeza acalorada aterrizas justo en el placer.

El néctar de la vida reposa en tu bendito vientre.

El equilibrio es el derrotero de tus días, dulce oficio,

guiado por olores que te arrullan hacia las amapolas,

petunias, girasoles,

malvas, caléndulas y geranios.

Sé muy bien que amas la hierba, hela aquí fresca y silvestre.

Te he visto jugar entre la menta, el romero, y la albahaca,

llegar a las celdas acarameladas para tu deleite.

¡Oh dulce oficio, tan poco valorado!

Ven a mi jardín, abejorro solitario.

Te haré descansar del peso del cosmos,

del silencio hipnótico de tu zumbido.

Dame tu miel y a cambio te ofrezco mi melífera flor,

abeja silvestre,

La naturaleza se inclina ante tu noble y perfecto oficio.

Entre aguas muertas

Amanece y el calor matutino avisa

la llegada de un invierno esquivo

que por hacerse rogar

petrifica la vida.

Yo la garza blanca

Guerrera por siglos

de muchas batallas

No consigo un hogar

para dejar mis crías

Tal vez es hora

de borrar mi nombre

tal vez debo aceptar

que este ya no es mi tiempo

tal vez estuve de paso

y mi otrora gloria

es asunto pasado

DENSIDAD

A un metro bajo el mar la caracola vislumbra la playa

y se aproxima a encallar.

A 10 metros bajo el mar un salmón muere

después de vencer la corriente y depositar su semilla.

A 100 metros bajo el mar

los atunes emprenden su partida hacia las aguas tibias

A 1000 metros bajo el mar

el delfín se prepara para subir y saltar.

A imprecisos metros la fragilidad humana se ahoga.

Cada quien con su destino y a su hondura…

Un gran volumen de mí debe ir a las profundidades

para poder seguir a flote.