LA GUAJIRA

A Delia Rosa, quien me llevó a conocerte.

Te veo ocupada, maltratada

y engañada

y siento que nada hay más triste

que el desierto con sus espejismos alienantes.

Veo más de un lamento

en el inmenso mar negro de tus ojos

y la tristeza en las cicatrices que deja

la ambición en tu epidermis.

Después de haber escuchado esos lamentos

y sabido que vendrán muchos más

por muchos años mientras persista

el yugo que padeces

Y que he visto la sonrisa que,

a pesar de todo,

aflora en tus labios almendrados

y que he visto bailar la danza del ancestro

y vestir a la poesía de esperanza,

y siento entonces que tus lágrimas

corren por mi rostro,

que tus heridas sangran en mi piel,

que tus canciones alegran mis silencios,

que tus danzas pulsan la frecuencia de mis genes,

que tus sueños se confunden con los míos…

Me atrevo a pedirte, entonces

que te mires en el espejo de tu mar y de tu cielo

y que busques la verdad escondida

en cada ranura de tu cuerpo

y que aprendas que por mucho que

te siembren plantas en tu piel herida,

quedará siempre un dolor de ausencia

en la nostalgia de tu tiempo.

Montería, junio 10 de 2013

EL SAUCE

Marielita y su amor por los sauces    

Solar de la casa

el viento en tránsito vespertino

palpa la herida del vidrio

cruza la ventana rota.

El sauce con nostalgia de manigua

baila en sensación yaraví

-no olvida su rostro de selva-.

Hojas delgadas cantan

la balada de septiembre,

estigmas de rocío

grabaron la suma de sus lágrimas

-un árbol llora,

nadie comprende el llanto vegetal-.

Entre cunas de su tronco

vive el agua de la lluvia

-presiente la próxima sed-.

Laberintos de la cáscara

plegarias zurdas de animales 

rezagados por la estampida del destino.

-Sauce grande, imperfecto

me das sabor a pasado

-eco del silencio-

-voz verde en mi libreta de nostalgias-.

Árbol retorcido… eslabón del tiempo 

en tu sabiduría escondo mis penas.

Animal asustado: payador humilde

el antiguo sauce

me guarda dentro de su corazón.

ARENAS MÓVILES

Feria de Arenas Móviles

joven desierto en febril presencia.

¡El erial canta La Sinfonía del Tiempo!

Torrentes llegan con gravillas

bordadas de espumas y arados.

¡Saben los ríos que un día olvidarán sus cauces!

El mar envía regalos con el tsunami.

Las flores exhiben policromía final.

Piedras embriagadas en los baldíos.

Desiertos los amantes que procrean. 

Arenas movedizas resucitan.

En rumor el Sahara enamorado.

El sol embarazó la tierra

da a luz una dinastía de piedrecillas.

Competencia cruenta por la conversión al polvo

Faltan diez festivales

el yermo cubrirá el planeta

piel de crótalo arropará la muerte.

En carnaval hablará elocuente

el paraíso de Manzana Extinta.

Viva la fiesta de Sed Perpetua.

CICLÓN GALANTE

El cadáver no tiene ataúd

ni esperanza de vida.

¡Que no escape el muerto!                                                      

El espíritu danzó en los aires

se estrelló febril

contra los soles y la lluvia.

El alba teje con paja y saliva

una alcoba entre la rama.

La luna ilumina el lecho

hilado de intemperie.

El pájaro un ciclón galante

de su canto supo la arboleda.                                                             

Murió el gorrión

la montaña llora.

Un pájaro atrapado

-sueña el cazador maldito-.

Vendrá la novia

que tiene sueños de arquitecta.

Que al muerto no lo desintegre una oración.

¡Que no escape el muerto!

Llegó la pájara enamorada.

Ocarina

Caracol de barro

amasado con silbos.

Ocarina sencilla.

¿Quién pulió tu corazón

y afinó tu oído?

¿Quién ensoñó tus canciones

forjadas con arcilla blanda

en un tiempo ya ido?

¡Aún olvidada en la guaca

jamás callaste!

Por tu barro,

la nota,

la huella,

el alma del indio.

El olor del territorio

La escurridiza mariamulata

se posa en su territorio

ese que tú entre le arrebataste a su vuelo

escondida entre las palmas

observa el ritual del café que te acompaña

Te observa y te seduce

bate su cola y salta recorriendo a zancadillas

lo que su memoria le indica

Sabe que tu mutismo no es encantamiento

que es resignación

Sabe que tendrá que alojarte

que compartirá tu sueño

y que su tiquitac menudo sobre las escalas

será en adelante la nota húmeda de tus ojos

que a diario se encontrarán con los suyos

recordándote que ella volvió para sembrarse

en ese paraíso suyo donde te alojas

La escurridiza mariamulata es el rugir del mar

es la colina desde donde salta el tío

es el fuego de tu piel tostada por el sol

es la tinta que corre en tus poemas

es el óleo que humedece tus creaciones

es la presencia de vida

que desde el lustroso negro de sus plumas te regala.

Ritual frente al Sinú

Frente a mis ojos el río

el insondable río huérfano de vida

y  el agua parda que sin prisa avanza

entregándole al mar entre rumores

su lenguaje de sueños inconclusos

Muchos pies recorrieron sus orillas

Cuánta memoria infinita lleva el viento en sus alas

Cuántas huellas intentaron tocarlo y vencerlo

La furia del tiempo no ha podido con él

aunque distinto es el viaje desde que desviaron su cauce

Los pájaros no anidan en los árboles

los ancestros entendieron que sus montículos son nidos de codicia

y viajaron con el sol a cuestas

buscando solitarias piedras  para su reposo

Los hornos de San Sebastián cerraron sus bocas

El barro materia inexorable de las filigranas

con alambre de púas se separa de las manos alfareras

Frente al río lo he visto todo

Hombres y mujeres de profundos surcos en la cara y en las manos

y una mueca de sonrisa triste

Pobreza y riqueza separadas con invisibles líneas que demarcan

La gaita llora esperando sin espera

que devuelvan al viento sus notas con vocación de verso

Todo conmueve frente a

El olvido en el Sinú es una llama que calcina los recuerdos

Matías

Matías… humo espeso

de leña de manglar,

campanazo de trueno.

Sin tu baile eres fragata sin vuelo,

bajel sin vela,

ritmo sordo, luz ciega.

Baila,

regálanos tu son,

tu risa de leche de cabra.

Eres eco del Caribe

y huella de cangrejo.

Que se templen los cueros

y suenen maracas y flautas.

Danza… Matías,

danza.

¡NADIE!

Aquí y allá reaparecen

supuestos animales extintos.

Se murmura del regreso de las ranas doradas

y la resurrección de las abejas.

Nadie aquí, nadie allá los persigue… ¡Nadie!

Miles de especies

celebran el silencio de las calles,

la ausencia de vehículos y voces.

No roncan motores… ¡No hay nadie!

Bandadas de cóndores

gallitos de roca y guacamayas

tiñen los azules infinitos.

Nadie ensucia su aire… ¡Nadie!

Pangolines, osos, pumas, y zorros

han retomado bosques, pueblos y ciudades.

No hay nadie… ¡Nadie!

El Kilimanjaro no puede creerlo

leones, elefantes, hienas y jirafas

alborozan las praderas ausentes de extraños.

Nadie los escudriña, nadie los obstruye… ¡N­­adie!

Atónitos venecianos ven desde sus alféizares

delfines retozando al frente de San Marcos

y canales relucientes con

cardúmenes de peces y de rayas

No hay góndolas ni muchedumbres… ¡Nadie!

Hasta los monasterios nipones

abrazados de incienso

se han poblado de venados.

Nadie rasga su sagrado silencio… ¡Nadie!

El mundo en cuarentena

acaricia su piel en amplia mejoría,

respira profundo y promete enmendarse.

Nadie, cumplirá lo prometido… ¡Nadie!.

Árbol de teca

Duro

como la soledad

de las selvas desnudas.

Viejo

como las tribus

que lo aman.

Dolorosamente

derrotado

por aserraderos

y colonos.

Acongojados

-los chamanes-

reclaman tu follaje.