Protesta la lluvia ,los elementos se unen a ella en su descontrolado desafuero. Se precipita a destiempo ya no delimita estaciones. Inunda cosechas, desborda las orillas arrasa poblados… Su enfurecida queja clama por tantas hectáreas de selva devastada, por cada árbol y especie desaparecida.
UNA PESTE DE NUEVOS DESIERTOS SE PROPAGA.
Nadie parece haber notado las señales ni su onerosa consecuencia.
EL ESPÍRITU DE LA TIERRA SE REBELA
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BEBIENDO LA VIDA, DURMIENDO LA MUERTE
Tomo del suelo toda su agua –vino de tierra- y la bebo.
Soy árbol, soy flor.
Mis ramas el cielo cubren y todo me afecta.
Miro, palpo y lloro… los recuerdos.
Me veo en la fotografía de una promesa de urbe,
Al borde de amplias calles que hoy no existen,
ecos de mansiones, carruajes y señores.
Mis lágrimas me riegan,
mi propia sal me nutre.
Soy corteza dura, sangre blanca en mis conductos,
las hormigas me recorren.
Soy testigo de una insolencia que no muere,
la moderna arrogancia que me desprecia
Tomo del aire su infinita ambrosía y me arrullo.
Mis raíces ya no se extienden, trato de desprenderme.
En mi frondosa alma me veo creciendo, creciendo,
hacia el vasto jardín de la muerte.
A LA ESPERA
Paciente y serena
escucho el rumor de los fermentos
que anuncian el momento de partir
No sé cuánto tiempo será habitable la tierra
no sé si mis hijos sabrán de sus ancestros
tal vez hasta mi sombra de aquí desaparezca
Y de la garza blanca como de muchos otros
solo quede el nombre en un conjunto de viviendas
o en un lujoso hotel para extraños visitantes.
SILENCIO ELEMENTAL
Si las piedras hablaran
perderían
el embrujo elemental
de su silencio
aquel cifrado enigma
urdido con paciencia
por el tiempo.
Si las piedras hablaran
¿quién iría a contarle
a nuestros huesos
la historia de la tierra
que los guarda?
Lenguaje de verdes
Quisiera encontrar
un cielo huérfano
de rascacielos.
(Sin bancos extranjeros)
Ser hallada
entre arbustos
de romero.
Sorprendida
por el idioma
del verde.
Quisiera tener
nombre de ave
para dormir
entre los brazos
de un cedro.
CONTRA TODO PRONÓSTICO
Lo fantasmagórico del paisaje
es la condena por la gracia de ignorarlo
Es el tiempo fatigado que no tiene reposo
el peso que encorva la colina
la ceniza que se adhiere al tronco del árbol
ahogando con un denso manto
su canto de libertad
Solo un camino nos queda
un sorbo de vida y de poesía
un chorro de luz en un tiempo no lineal
que no es antes ni después
Debemos consagrarlo a su cuidado
para que brote la aurora
ayudarlo a extender las alas
acompañarlo en su vuelo
Contra todo pronóstico
renacerá.
MADRE – “BACHUÉ”
Nací del interior del inframundo,
y colgada en lianas mis raíces,
de una flor azul, estrella suspendida,
entre sombras nocturnas del árbol
y bajo una luna roja de sangre.
Mis pasos, entre brozas, enmudecen.
Ojos visionarios guiados por cosmos.
En la piel, ungüentos de achote y cacao,
líneas rojas, son caminos que vivo,
ancestros, en una historia alineada,
desde mi sangre a mis pechos descubiertos,
panes o soles al aire de un maizal.
Lánguidos se deshilachan cabellos,
con plumas de turpial y papagayo,
esa piel de mono que cobija mi pubis,
tenso el arco de una tripa de cabra.
Telar que trabajo con pies, manos,
donde enrosco fiques, hojas y yutes.
Del barro del río cuezo, recuezo,
soplo y resoplo, leños en fogata.
Mi tiempo no se mide,
se consume como agua de paso
por una fuente o por el río.
Me albergo despierta casi durmiente
entre instantes de un sueño en letargo,
las nubes, gota a gota me besan las entrañas.
Un torrente recorre mis llanuras,
se adormece la luna entre mi pelo,
arrullo columpiado en las pupilas.
La oscura noche, es más noche y más negra,
cutis donde luces y cantos son flamas,
flamas son elevadas en el éter.
Me alojo casi despierta en mi lecho,
que es vientre que cuelga entre vigas,
miro mil ventanas de colores,
pegadas como estampas y anaqueles,
imagino alas, vuelos jamás hechos.
Navegar el tierno río que hiere,
un llanto ciego, sollozos en distancia,
que parten hacia el viaje sin regreso.
No hubo tiempos que inventar en muchos siglos,
ni trépidos relojes exactos,
construidos piedra a piedra con dientes
del conejo, entre fauces del jaguar.
Llegué hasta el filo, umbral, precipicio,
dibujado en el crepúsculo invernal;
oscura cueva, gélido nicho, fin,
soledad desmembrando mil distancias.
Remotas manos, palmas asidas,
acarician cuerpos,
revolotean con juegos de niños;
cometas, pelotas y tambores,
un trinar de quenas, pitos y cañas,
ritual quebrado, cosechas y danzas.
Besos húmedos, raíz y pólenes,
maíz desgranado, agua y molienda,
amaso entre los astros que se comen,
caliente sobre lisos guijarros,
leños y ascuas palpitan en el horno.
Me percibo intensa como un suspiro,
lágrimas sepultadas entre dedos,
dolor de poncho, último sudario,
color del amor no correspondido.
Desde esta alma estremecida, toda yo,
donde acuné la vida doblemente,
Cacica que reinó sin sus terruños,
en hechicerías cosmogónicas,
sagrado enigma, telar de cintura,
huso y rueca de mitos y culturas.
Perfume, matiz, hembra asilvestrada,
fruto de Uruapan y cantos serranos,
columna vertebral que me contiene,
entre la voz, la garganta y la lengua.
Traviesa abeja, ave y mariposa,
flor, rastro de galaxias, constelación,
un profundo volcán adormilado,
en azul sumergida, inmenso mar.
Momentos eternos de conciencia,
volátil me esfumo bajo nubes,
son sentires y el pensar efímero,
fugaz línea, labios descritos
transfiguran muecas en sonrisas.
Lazos, retales; urdí entretejidos,
un tapiz de la manta que me cubre,
colgados recuerdos enjoyados,
con cristales y virutas que invocan
códices de la historia de los tiempos.
Soy tierra que cobija con sus hojas,
bajo techumbres de bosques infinitos,
dando nuez, pan del árbol, frutos,
plumas para el cabello y la mano.
Convertida en serpiente o en gusano,
en el colibrí o el pájaro enjaulado,
perra mansa o loba que nutre,
una osa, o, puma, o, águila domada.
Fui todas ellas en una.
Moneda que retiene su caudal,
alforja de la selva,
mujer de estrecho vientre que respira,
con invisible escudo, prisionera;
pesada cruz de hierro y sus cuchillos.
Traspasé cielos con finas agujas
colgada a cuerdas de códigos,
dulzaina en el sórdido bolsillo,
de esa envuelta túnica prohibida.
Sobre el papel, se ilustró mi historia,
sobre tibias hierbas, desnudos pies,
ocupando otras abarcas talladas de maderos.
Inmutable y grabada en mis células
queda mi huella,
en los muertos y en los vivos.
Sobrepaso trincheras, muros,
alambres que vencen invisibles,
el asalto ensangrentado sin fronteras.
Arrancó mi corazón en el altar
y lo ofrecido en sacrificio a un Dios,
quien se bebió mi mies,
mi sangre y mi canto en un gran trago.
Señora del arca y cetro dorados,
mirando al sol naciente, estoy,
amamanto vestida con oros, cuentas y capa…
después; arrojada vilmente a la laguna
laguna, devora almas del mundo por su boca.
La sal quemó mis hombros y mi espalda,
fuente, frailejón, páramo, estepa;
almíbar, dulce semilla de agua
pétalo desgajando las leyendas,
olvido cercenado con los siglos
en natural estancia de mi risa.
Pino, orquídea, acacia y ceiba.
Tejí, hilo a hilo la vida entre tramas;
se extendió sobre el orbe su gran ajuar,
sobre esta oscura noche y en el cielo,
pinto níveas luces… estrellas.
De norte a sur, bendigo con aguas,
dando nuevos nombres a mis partes.
Aun hoy, señalan calendarios…
son guías de mis días,
son días de mis juegos,
son guías de mis lunas,
son días de mis partos,
son guías de mis cosechas,
son días de mis huesos,
y llegué sin aventura,
siendo vestal enlodada,
del destino hacía origen,
del origen al destino,
espiral circular que me doblega.
Simiente nueva, ajuar de esperanzas,
sapiencia inventada, en rincones,
de esta esfera declarada como planeta,
y sobre el eje en rotaciones inversas de un reloj…
giro sobre el infinito,
así certificaron mi nacimiento.
Un mapa soy, brújula y astrolabio,
ángulo de naves de los siglos,
velas, anclas, puertos y catalejo
hogar, lecho habitado de nuestra casa…
Senos de Madre, leche de luna,
en Madre tierra, principio y origen,
Guaia, Cuatlicue, Nantli y la Pachamama
Bachúe, Ananá, Sipapu en la Kiva.
ESE MAR
Ese mar que contemplo
desde mi otero cósmico
no es el mar de los poetas.
En él no hay caracoles,
ni peces de colores,
no hay playas con mujeres hermosas
ni veleros ni gaviotas.
El mar de este tiempo es diferente.
En lugar de mercantes,
de cruceros fantásticos
y de cables con fibras submarinas,
hay olas negras,
aguas muertas,
los vertederos acaban
con los peces y el plancton.
Muere la vida sin remedio,
como si pintaran de blanco
las células del océano primigenio.
Enfurecido por la ofensa,
las lágrimas de ese mar, años después,
se convierten en aguas congeladas
que sumergen las orillas habitadas
y sepultan las esperanzas de los hombres
de carne y hueso y los monumentos
de su gloria.
APOCALIPSIS XV
He retornado a la morada generosa
después de muchos años
y desde el aire contemplo
el imperio de las dunas.
Desciendo y camino jadeante
por la arena roja
sobre la extinta capa vigorosa
de las plantas y del agua.
Busco el rastro del abuelo
en cada paso
en cada grano
en cada soplo
y un silencio de muerte es la respuesta
(Como si la ira de Vulcano
Hubiese quemado la epidermis
De La Tierra)
Pero después de muchos horizontes
sobre la silueta de una ola de silicio
un cactus emerge majestuoso
es un cactus grande y espinoso
con el color de la esperanza.
¡Eureka! me digo y voy a él
y pienso que estoy de nuevo
en la ruta de amor de las estrellas
y no observo que en el entorno
de mis huellas
varios insectos asoman sus miradas
enfadados
alborotados y medrosos
por las pisadas trepidantes del intruso.
Sincelejo, 1999
PREMONICIÓN
Menudas grietas en la sumisión de la tierra,
paisaje de fin del mundo.
Garzas alucinadas planean
sobre un lago que no existe. Sed.
Seres abisales vigilan
la oscuridad que los protege
y un arpón flota junto
al ojo plástico de una mantarraya.
Otro ojo de agua al borde de la ceguera
enfrenta las ruinas de un obelisco
y hay un bote encallado en la orilla
de un río que se extingue.
¿En dónde están el hombre y la mujer,
depositarios del universo?
Desolada premonición.










