Las agendas ambientales nos ayudaron a detectar los problemas ambientales que tenía la Ciudad

Por Rafael Vergara

El ambientalista Rafael Vergara fue el primer director del EPA Cartagena, asimismo dirigió la entidad DAMARENA, la autoridad ambiental que nació con la Ley 768 de 2002, conocida como la Ley de Distritos.

Desde su apartamento en Crespo y con una vista al mar, rodeado de su entrañable amigo y compañero Alizeiro Leiro, (un perro siberiano que tiene su propio ventilador), nos habló sobre cómo su organizaron en Cartagena participó en todas las fases que dieron inicio a las agendas ambientales, que marcaron una ruta en la Ciudad.

En el apartamento de Vergara Navarro se respira ambiente por todos lados. En el pequeño balcón de su apartamento hay jardines verticales hechos con botellas plásticas, y habilitó una zona de comida para aves, que llegan muy puntualmente todas las mañanas a consumir los pedazos de frutas o cualquier alimento que Rafa, como le dicen sus amigos, les pone en un recipiente.

Recuerda con emoción que con las agendas nacieron muchos promotores ambientales, tantos, que cuando en el gobierno del expresidente Álvaro Uribe convocaron a una reunión en Bogotá, “de donde más llegó gente fue desde Cartagena”, dice.

¿Qué fueron las agendas ambientales?

Las Agendas Ambientales fueron el resultado de una necesidad vital que tenía la Ciudad de conocerse, saber cómo era y qué existía en su territorio en fauna, suelo, aire, población, origen, etc.  DAMARENA era una pequeña oficina, pero teníamos la voluntad de hacer de esa oficina algo grande, contratamos al IDEADE (Instituto de Análisis y Desarrollo Ambiental) de la Universidad Javeriana. No fue un trabajo sencillo. Tocó llegar a cada rincón para inventariar desde todos los ángulos.

¿Cuáles fueron los objetivos?

Fomentar la participación comunitaria en la búsqueda de soluciones a problemas ambientales identificados por la comunidad; formular, estructurar y priorizar acciones, dar criterios e instrumentos para negociar, promover y ejecutar proyectos.

¿Qué significó para Cartagena la agenda ambiental?

Significó la capacitación de líderes, a quienes se les enseñó lo qué era el medio ambiente, a elaborar proyectos para resolver problemas ambientales de su entorno. Fueron un nodo que nos unió con el resto de su comunidad; permitió organizarnos en el territorio; identificar problemas urbanos y rurales. Nos permitió identificar los problemas ambientales comunitarios. En total se sistematizaron 15 agendas urbanas y 15 rurales.

Con las agendas nacieron los promotores ambientales de la Ciudad, porque fue una labor que replicamos todo el tiempo, y por eso hay tanta gente que sabe de medio ambiente, y eso significó identificar a los líderes y su procedencia. Era para que trabajaran por el bien de su comunidad sin recibir pago, ni prebenda.

¿En qué se capacitaron los líderes?

Se les enseñó la cartografía social como instrumento estadístico, a hacer encuestas y a formular proyectos. El resultado fue la realización de 4 talleres rurales, y dos urbanos, 30 promotores seleccionados, y metodología para el trabajo de recolección de información, fichas, encuestas, mapas, libretas, etc.

¿Cuáles fueron los resultados?

Se identificó fauna, flora, el estado de los canales que circundaban, condiciones socioeconómicas y sanitarias y calidad del aire. Pero además, fue rigurosa porque decía hasta la clase de insectos que había en una zona en particular. Se priorizaron proyectos, el listado de posibles casos y de acciones. El resultado fue una red de educación en la JAL y muchas organizaciones no gubernamentales.

¿Cómo estaba ambientalmente Cartagena antes de las agendas?

Era lo que había podido construir el INDERENA: controles a la bahía. Entonces, dijimos, que si el manglar era una especie protegida, vamos a protegerla; si las empresas de Mamonal no tienen planes de manejo ambiental, vamos a solicitárselos, y de ahí surge el convenio de producción más limpia. Aunque por esto me juzgaron, porque consideraron que tenía una empresa de manejo ambiental.

Las agendas ambientales nos permitieron detectar los problemas graves que tenía la Ciudad. En ese momento teníamos dificultades residuales graves, el alcantarillado llegaba a un 50%, había excretas por las calles por saturación del sistema de alcantarillado, incluso, en Bocagrande.

¿Cómo fue la experiencia de organizar las agendas ambientales?

Fue una cosa extraordinaria, porque se formó un ente, no de intelectuales en aire acondicionado, sino de gente en las zonas haciendo un trabajo muy serio; por eso es importante rescatarlas, porque generaron líneas base que permiten medir cuánto hemos mejorado.

¿En cuánto hemos mejorado?

El alcantarillado está por encima del 90 por ciento de la Ciudad, pese a la expansión invasiva no planificada del territorio; el agua potable que se bebía en 1995, antes de que entrara en funcionamiento Aguas de Cartagena, tenía condiciones terribles. Eso significaba una incidencia en la salud pública y las enfermedades diarreicas eran más comunes. La mortalidad y morbilidad tenían índices mayores. Se generó algo de conciencia.

¿Cree que las agendas ambientales deben volver?

Deben ser revisadas, porque son líneas base que van a permitir, por ejemplo, saber en que han avanzado las comunas desde el año 95.

¿Qué tan lejos estamos de las ciudades verdes más vanguardistas?

Estamos lejos, porque en estas ciudades lo ambiental es esencial, y nosotros no hemos llegado a esa comprensión.

¿Dónde están los valores ambientales de los ciudadanos?

Como ciudadano tienes derechos y deberes, porque estás defendiendo a tu madre, la creación, y no se defiende evadiendo, sino cumpliendo con tu obligación.

Apenas estamos reconociendo que somos naturaleza. El Papa Francisco dice que somos naturaleza y Dios, si se apaga el sol no hay Dios que valga. Los juramentos deben decir: En nombre de Dios y la naturaleza por encima de todas las cosas.